
La carrera 2 bis
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¡Disculpen la interrupción! No figuro en la lista de invitados. Permítanme, por favor, decir unas palabras.\r Familia y amigos, necesito pedirles en este instante sublime que intentemos dejar de lado aquellas circunstancias del ayer que marcaron el sendero de nuestras bifurcadas vidas. Les ruego que escuchen con devoción y humana comprensión estas frases que, inevitable y atropelladamente… ¡a borbotones!, manan de mi compungido corazón de papá. De este padre que asiste sin invitación a la boda de su por siempre idolatrado hijo.

Sabemos que alcanzarás lo que sea. Más, ahora que, por fortuna, la mujer con la que te esposas es un ser bueno, de ideales fértiles y sentimientos decentes; laboriosa, sensible, romántica, alegre, entusiasta. Insta conservarla así. Jamás pretendas cambiarla para que sea como a ti te llegue a parecer que sería mejor. Porque ella, entonces, dejaría de ser ella. Con solo intentarlo se convertiría en otro ser, en una mujer desconocida que actuaría tan dolorosamente diferente a aquella de la cual te enamoraste un día y que aceptaste como entonces era.
A mí me pasó, lo reconozco. Lo sabes y lo tienes como espejo, hijo mío.
Si acoges estas migajas de mi cincuentera experiencia, además, si te dejas guiar por tus valores y principios que llevas inculcados en tu espíritu, te garantizo como padre que tu nuevo hogar, esa catedral de amor que edificas sobre base granítica y con estructura sólida, será capaz de sortear las vicisitudes de las inexorables crisis matrimoniales que pondrán a prueba tu temple y arrojo… muy de cuando en vez.
Cualquiera sea la crisis que se les presente, recuerden que la solución, si de verdad la quieren, está en la causa del conflicto, siempre y cuando acudan a la herramienta infalible para su resolución: el dialogo respetuoso.
Han de saber que lo más importante en la construcción y consolidación de un hogar comienza por comprender, por entender e interiorizar que hogar siempre es plural, no singular. Que hogar lo forjan dos, una pareja que se ofrenda confianza, apoyo, compromiso irrestricto. Un dúo que conjuga en versos y a toda hora los verbos compartir, tolerar, respetar, confiar, comunicar. Hogar es un binomio que planea metas en común, que disfruta triunfos y sobrelleva y sortea quebrantos sin mutuos halagos, ni mucho menos inculpaciones individuales. Dos que jamás se alejan de la guía celestial ni del consejo de los padres. Dos que confían en sí mismos y en la sumatoria de todas las fuerzas, sin culpar a nadie ni a nada de lo que les pueda pasar mañana. Menos, si de equivocaciones se trata. Dos que jamás olvidan la senda que hasta ahora han recorrido, por singular o humilde que esta haya sido o llegue a ser.
El matrimonio llegará lejos y hasta viejos si ninguno reniega ni encara la insulsez de sus orígenes, de sus procedencias; tampoco, el que alguno de los dos haya logrado más cosas o se haya equivocado más o menos que el otro.
Precepto fundamental del éxito y la felicidad de la pareja lo constituye el jamás olvidar la existencia y asistencia de sus progenitores. ¡Sus viejos! Aquellos seres que no solo les dieron la vida, sino que sus vidas dieron y darán siempre por sus hijos a cambio de nada… o, tal vez, por tan solo una sonrisa.
¡Sus viejos!, a quienes a ustedes les corresponde, no solo superarlos en todo lo bueno, intentando no repetir sus errores, y esto es un reto traslúcido que les queda, sino quererlos, acompañarlos, protegerlos y no dejarlos a la deriva en el inevitable e inhóspito atardecer arrebolado de sus trajinadas existencias; lo hayan hecho bien o mal como padres en su momento. Presencia oportuna y postura comprensiva, en particular, cuando más de sus caricias y mimos necesitarán sus cabelleras plateadas, sus rizadas pieles, sus ojos opacados, sus recuerdos en camino hacia el involuntario e inexorable frío del olvido… Amorosa y fraternal asistencia que quizá en pocos años ustedes van a requerir y querer recibir de su progenie, con independencia de lo bien o mal que hayan sido como padres.
Para quienes no me conocían, ¡sí, soy el padre del novio!, gracias.

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