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Wednesday, May 22, 2024
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Escritor Latino

Congoja

Hola, mi querido joven amigo virtual de letras (JAV); además, gestor y protagonista de una historia que involucra a cerca de trescientos artistas de los cinco continentes, en casi ciento diez países y más de setenta idiomas. Novela que pronto será noticiada… ¡eso espero!

Laderas de Une

Esto escuché en alguna reunión entre paisanos. De esta participaban el alcalde, el cura párroco, de aquel entonces, y algunos conciudadanos convocados para la ocasión: —Bueno, a todas estas: ¿qué es lo mejor de Une? —preguntó uno. —Lo mejor de este pueblo es su gente que es buena gente —respondió alguno. —¡Gente que por todo lado y a toda hora se reproduce!, dice mi esposa —agregó otro...

Claro de Luna

Allá en mi Escondite Literario Tropical, sede rural, madrugué a escribir el artículo para cumplir el compromiso con la Revista Latina NC. Necesitaba enviarlo a tiempo para que pudiera ser revisado, editado y publicado el último día del mes. Estaba en esas cuando mi gata salvaje se deslizó por la ventana hasta mi escritorio. Creo que este fue el diálogo mudo que tuvimos… ¡creo!

El Kilómetro Sur de Marioantonio Rosa

Haciendo referencia al poeta mejicano Octavio Paz, ¿qué nombra la poesía de Kilómetro Sur? Dicho en otras palabras, de qué trata el libro Kilómetro Sur(Palabra Pórtico Ed, 2014) ¿Puede describirse un libro de poesía, como los libros de narrativa y teatro? En realidad, ¿es más importante el asunto del libro, de aquello, lo innombrable, que expresa o comunica el escritor, lo inimaginable que trasciende las palabras y los discursos? ¿Qué puede descubrir o deducir el lector de un libro? Que posiblemente está diciendo más de lo que quiso decir el escritor, partiendo de esa premisa, dudosa, de que el escritor está consciente de lo que escribe, es decir, que expresa lo objetivo, lo que conoce, pero qué ocurre cuando los lectores perciben aquello que el autor no se propuso...

Reseña de Ojalá nos despierte la lluvia de J. Francisco Guerrero López

En esta obra, una curiosa novela basada en la resolución de un misterioso crimen de una joven, encontrada desnuda y con el cuello cortado en la desembocadura del río Guadalmedina. Esta es una de esas novelas que sólo con la sinopsis a uno le entran ganas de prepararse un café, sentarse en un sofá y no dejar el libro hasta que el sueño no nos deje continuar devorando capítulos.

La última voluntad del difunto

Celebrándole el cumpleaños a un familiar en su casa de campo, otro de los invitados, de voz en cuello, contó varias historias en menos de cuarenta minutos. Todas, al cual más, me parecieron interesantes, aunque propias de sociedades subcontinentales, como esta en la cual, en suerte, nos tocó vivir. Cuando se despachó con la quinta estaba dispuesto, por cortesía citadina, a escucharle esta y no más. Tenía pensado, una vez aquel terminara, pararme y decirles a los anfitriones que tenía que regresar temprano a la capital, antes de entrada la noche.

El cantor

Acariciaba su guitarra con tal delicadeza que los pájaros se acercaban a escucharlo. Pero una noche sin luna descubrió que lo que más amaba en este mundo lo había traicionado. Solo pensaba en la manera de desaparecer de la faz de la tierra...

Casi noventa resoluciones

Cuando por fin nos encontramos en aquel Café Valdez y comenzamos a degustar, él su primer tinto americano y yo un late aderezado con canela molida, soltó sin mayores filtros esta historia, entre otras tanta que atesora y trae guardadas desde el orto del convulso s. XXI, allá en los inexpugnables calabozos de su memoria. Historia que, desde luego, por seguridad nacional y personal de aquel egregio exfuncionario, también, de mi pellejo, hice objeto del pincel de la transfiguración literaria subcontinental para compartirla con ustedes y las futuras generaciones lectoras, de haberlas...

La papa que nos comemos

Con eso del cambio climático, la contaminación ambiental, así como para evitar en cualquier momento otro periodo infernal de cuarentena encerrado entre cuatro paredes en un conglomerado residencial, y una vez la pandemia pareció dar tregua, decidí buscar un cuadro de tierra en un pueblo algo cerca de la capital para construir una cabaña e irme a vivir allá de manera alternativa. La idea no era desconectarme del todo de la vida citadina, por lo del trabajo y los asuntos médicos y asistenciales que en el campo suelen ser restringidos, complejos, cuando no inexistentes en algunos casos. Por lo que para estos y otros menesteres es imperioso el vínculo y la cercanía con la urbe.

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