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domingo, febrero 5, 2023

Migración climática, el caso de Bahamas

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Hector Lopez
Hector Lopez
Héctor nació en la Ciudad de México. Viajando por el continente americano, ha desarrollado diversos proyectos comunitarios enfocándose en la protección y regeneración de sistemas ecológicos locales con la finalidad de reforzar el tejido social. Héctor migró a los Estados Unidos en 2010 y en 2019 se mudó con su familia a Durham, Carolina del Norte donde tiene una pequeña granja en la que practica y enseña todo lo relacionado con la siembra tradicional, libre de agro tóxicos. Actualmente estudia la carrera de Letras Hispánica en la UNAM. Amante de la naturaleza y apasionado de la música, sigue descubriendo las maravillas de la diversidad cultural.
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El paso destructor del Huracán Dorian, especialmente sobre el archipiélago de Bahamas a principios del mes de Septiembre de 2019, nos ha dado un nuevo aviso de los efectos negativos que el cambio climático está produciendo sobre los ecosistemas alrededor del planeta.
La gran mayoría de las poblaciones afectadas por este desastre natural se encuentran ante la terrible realidad de no solo haber perdido su patrimonio, seres queridos y comunidad, sino la incertidumbre de no saber qué pasará. El proceso de reconstrucción puede tardar meses o incluso años. Sin fuentes de trabajo como el turismo, no parece cercana una solución. 70,000 personas quedaron sin hogar. Muchos aún están desaparecidos y por si fuera poco, la tormenta Humberto trajo lluvias que dificultan las tareas de rescate y remoción de escombros.

Ante la tragedia, los que pudieron salieron en busca de refugio a la ciudad de Nassau o Florida entre otros lugares donde cuentan con familia o amigos en el mejor de los casos. Pero ¿Qué hay de todos aquellos que no tienen a quién acudir? ¿A dónde irán? Todas estas personas necesitan alimento, agua y un lugar para descansar diariamente.
A esto se suma el posible brote de enfermedades epidémicas que pueden expandirse rápidamente debido a la falta de recursos sanitarios, afectando principalmente a niños y ancianos. La ayuda internacional tan valiosa en estos momentos no es permanente. Eventualmente la población tiene que buscar sus propios medios de subsistencia. Si los hogares que fueron arrasados por los vientos y la lluvia no son reedificados en corto tiempo, los habitantes de la región afectada tendrán que migrar a otros lugares donde puedan encontrar un modo de subsistencia.
Obtener visas humanitarias y de trabajo en otros países toma tiempo. Entre lo mucho de lo que se pierde en estos eventos, hay valiosos documentos como pasaportes e identificaciones oficiales. Tenemos que recordar el gran periplo por el que han pasado miles de haitianos después del terremoto de 2010. Tras años de travesía desde su país de origen, pasando por Sudamérica, Centroamérica y ya en la frontera con México, se les cerró la puerta y con ello la promesa de poder entrar a Estados Unidos para comenzar una nueva vida. Para muchos de ellos la opción de regresar a su país no era viable, porque sabían que no les esperaba nada más que miseria, así que varios de ellos prefirieron quedarse en México a pesar de los muchos peligros que pueden correr. Adaptarse a otra cultura no es tarea fácil. Barreras como el idioma, o las costumbres locales dificultan a los inmigrantes rehacer sus vidas.
Pero lo más difícil en términos de adaptación, es la intolerancia de los pobladores locales que ven con desagrado como sus vecindarios se transforman. Esta es una actitud que se gesta por la carencia de información. Ya hemos visto cómo desde las esferas del poder ya sea político o económico, se acusa a los inmigrantes de todos los males que padece la sociedad, desviando la atención del foco principal que genera estos éxodos. El cambio climático es un problema real que está siendo causado por la actividad humana, especialmente por su gran dependencia a los combustibles fósiles. Al romper el equilibrio del medio ambiente desencadenamos una serie de sucesos como el aumento de la temperatura global, teniendo como consecuencia más incendios, inundaciones y huracanes de gran intensidad, afectando la vida de cientos de miles de personas.
Aún no sabemos la real dimensión del desastre humano en Bahamas, pero es de suponer que una vez más, como en muchas regiones del planeta, miles de migrantes climáticos estarán buscando un nuevo lugar para vivir. Tal es el caso de los puertorriqueños que salieron tras el paso del huracán María.
Todas las islas caribeñas, Centroamérica, México y la costa este de los Estados Unidos están expuestos cada temporada de huracanes a ser impactados por estos meteoros, que además tienden a ser más poderosos e impredecibles. Es importante estar preparados ante una emergencia climática. Preguntarnos si contamos con las medidas de seguridad mínimas para sobrevivir a uno de estos eventos o si tenemos definido un lugar a dónde ir. Pero si tenemos la fortuna de estar un lugar seguro. ¿Estamos preparados para recibir y ayudar a nuestros nuevos vecinos?

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