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jueves, junio 30, 2022

Caminos que unen en la distancia

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Maria Beatriz Munoz Ruiz
Maria Beatriz Munoz Ruiz
Escritora y Directora de la revista digital cultural One Stop. Titulada como Community manager y Técnico en consumo, con formación en marketing digital y columnista internacional de la revista Pandemia, cultura contagiosa en la que colabora también con el seudónimo de La Dama oscura. Cuenta con 14 novelas publicadas, todas las encuentras en Amazon. Colaboradora de varias revistas internacionales. Nació el 12 de septiembre de 1977 en Granada (España). Cursó sus estudios en el colegio Sagrada Familia, pero quién realmente fomentó su pasión por la literatura fue su abuelo, alguien que marcó su carácter, y al que nunca olvidará.

Photo by Judit Peter.pexels.

Siempre he dicho que en este mundo la gente aparece en tu vida cuando tiene que aparecer y desaparece cuando lo debe hacer. Cuando creé la revista One Stop tuve la suerte de contar con un colaborador que, hasta varios años después no conocí realmente, estoy hablando de Carlos Javier Jarquín, un nicaragüense radicado en Costa Rica, al que se le conoce como “El chico poeta”. Un escritor, periodista, poeta, columnista internacional y además un excelente gestor cultural que hace poco sacó a la luz como compilador un gran proyecto de la mano de la editorial de México Ayame Editorial, titulado Antología del Bicentenario de Centroamérica, y ha sido todo un éxito…
Gracias al prólogo que realizó Carlos para mi poemario Historias de un alma vieja, el prólogo de mi poemario ha sido leído y traducido a 17 idiomas; inglés, italiano, griego, chino mandarín, albanés, coreano, japonés, serbio, indonesio, ruso, uzbeko, árabe, neerlandés, rumano, portugués y francés.
Carlos Javier movió parte de sus influencias y a sus amigos traductores (a quienes les agradezco infinitamente su tiempo) y gracias a él puedo decir que soy columnista internacional. Los que piensen que por ser mayores o llevar pasado mucho en esta vida, ya no van a aprender nada, están muy equivocados. Yo pienso que, si sentimos que somos ignorantes, en esta vida podemos aprender cada día muchas cosas de los demás; nunca lo sabemos todo y es esa frase famosa de Sócrates la que deberíamos aplicar “Solo sé que no sé nada”.
De Carlos he aprendido a ser paciente, a ser agradecida con las personas que te dedican su tiempo, ya que el tiempo es lo más valioso que tenemos porque es irrecuperable. Me ha enseñado que las cosas deben pasar a su momento; las prisas no son buenas, también, que no hace falta vivir en la misma ciudad para ser grandes amigos. Me ha dado valiosas sugerencias sobre las redes y ha estado ahí siempre, aunque yo estuviera ausente, su sensatez y generosidad lo hacen único.
Carlos no tuvo una infancia fácil, pero el ambiente no determina el tipo de persona que debes ser, eso es una excusa demasiado pobre y de cobardes. Carlos ha adquirido la sabiduría de alguien mayor sin perder la luchadora e inquieta juventud que lo hace emprender siempre nuevos retos. Ahora se haya inmerso en un proyecto que lo revolucionará todo y en el que me siento orgullosa de participar, se llama Canto Planetario, y va a reunir a artistas de los cinco continentes; es todo un privilegio estar invitado a esta antología en la que deseamos levantar la voz desde nuestras letras para salvar al planeta, concienciar a la sociedad e intentar que no sea demasiado tarde. Cuando salga esa impresionante antología, no se verá el arduo trabajo que lleva detrás, pero cuando miremos y veamos ese gran proyecto hecho realidad, debemos comprender que las obras de esa magnitud no se hacen solas, detrás hay personas absorbidas por la magnitud de reunir a artistas de cinco continentes.
Mi artículo es un canto de agradecimiento hacia alguien que me regala su tiempo todos los días, el tesoro más valioso de cualquier ser humano.
Así que gracias por todo, amigo.

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Que, ¿por qué mis nervios? Esta ocasión es para mí la antesala de la gala para la entrega del mejor de los galardones que amo y más valoro: ser leído por ustedes, jóvenes, quienes constituyen la principal razón por la cual escribo. Discúlpenme si hablo primero de mí, ya encajarán el motivo. Provengo de un pueblito de ensueño ubicado en el centro de Colombia. Villorrio enmarcado y custodiado por un cerro mítico en forma de triángulo, desde donde se divisa el correr serpenteante y mágico del río de la patria.
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