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domingo, julio 3, 2022

Tania Anaid Ramos González: La lluvia como cuerpo poesía

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Mario Antonio Rosa
Mario Antonio Rosa
Poeta, Editor, Periodista Cultural, Crítico Literario Publicó Misivas para los Tiempos de Paz,(1997) y Tristezas de la Erótica(2003) con Editorial Isla Negra, Duelo a la Transparencia con la Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña (2005), y que fue reseñado como Libro del Año por el periódico El Nuevo Día. Kilómetro Sur (Palabra Pórtico Editores 2016) y su más reciente publicación La Tierra de Mañana (2018) también con Palabra-Pórtico Editores. Formó parte de la Antología Poetas para el Mundo Voces para la Educación junto a Ernesto Cardenal yRaúl Zurita de Chile, auspiciado por el Sindicato de Maestros de México, y la Nueva Antología de Poesía Hispanoamericana, auspiciada por la Revista Ómnibus en España. Junto a estas publicaciones forma parte de Écfrasis, publicación de la Liga de Arte de San Juan bajo la exposición permanente del mismo nombre, con su poema Albea inspirado en la obra pictórica de la artista Consuelo Gotay. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Guajana en el Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico (2010), Premio de Poesía "Turpial de Oro" de la Sociedad Venezolana de Arte Internacional (2011) Premio Internacional de Poesía auspiciado por The Latin Heritage Foundation en Nueva York(2011). Al presente dirige junto a Marta Emmanuelli el proyecto editorial Palabra Pórtico Editores.

El amor ha dejado
su acordonado mar de tierra aquí,
y la lluvia es alimento de mis pupilas
para el silencio del corazón.

Tania Anaid Ramos González, AZULA
Llueve, Ediciones Kuelap, Perú (2021)

No quiere llover… y ya ha llovido tanto. La tierra es un cuerpo de lluvia, vital, sonoro de imágenes y palabras. Creo que las palabras abren ventanitas a canciones tristes, no sé, algún mimbre que la nostalgia deja pegado al corazón, alguna señal de acoso contra la luz, algo de soledad, algo de elegía, quizá, algo tan profundo como dos cuerpos abrazados bajo un gran aguacero. Vicente Aleixandre habla en un poema a la lluvia del recuerdo de un labio húmedo, o en una presencia que al llover ejerce su poder multiplicando presencias, socavando cada hueco del vacío, vacilando en abrazar al poeta. Wislawa Szymborska, por su parte, usa una deliciosa expresión que nos lleva lejos: innumerables variedades del gris. Así es la lluvia, así abarca su voz de tantas voces, así demuestra su artefacto de magia, pasión, desdoblamiento.
Por tanto, al leer un libro de poesía que trae el tema de la lluvia como susurrado a los ojos y al oído, nos encontramos con una dimensión nueva, abrasadora, expedita, pero sobre todo noble y cercana.

Leer Llueve de la poeta Tania Anaid Ramos González, AZULA (Ediciones Kuelap, Perú 2021) es visitar el ensueño, la soledad o fuga de la lluvia como objeto de poesía en una latitud donde la creación abarca desde su deseo múltiples temáticas. Y es que la poesía, partiendo de su voz, es cuerpo eterno, cancionero suscrito, pretexto celeste que desboca, con ingenio, en una poesía de formas exactas. Algo tiene ese torrente que cae en un nublado veloz, en figuraciones, en nombres de eternidad —ceñida al ser—, en nombres de abundancia. Los poemas hablan desde adentro porque es adentro donde ocurre el aluvión que discurre por la tierra y sus elementos, es ahí donde se fragua el intento de la poeta por capturarse, logrando un verbo que deslumbra e invade. Invasión. ¿Es la lluvia un modo de invadir?, ¿nos rodea solamente como una manera callada de encantamiento? AZULA nos dice que sí. He aquí el círculo de su aura:
[…] Soy sombra… sombra pluvial
umbría voz de mi especie
que va cercando lágrimas luminosas
en el párpado río del vacío. […]

¿Por qué? (p.44)

De hecho, el libro tiene un brillante prólogo del intelectual puertorriqueño Félix Córdova Iturregui en el que resume la esencia de la poeta. Córdova Iturregui nos acerca a la metáfora del agua, de la lluvia a través de las fórmulas de Epicuro: “el mundo visto como un cuerpo complejo que abraza al cielo, los astros y la tierra”. Es decir, la lluvia tiene su propia totalidad y en su infinitud va y regresa, sorprendiéndonos, aunque la esperemos, y se hace cuerpo en el ser-expresivo, desde luego-entonces, todo lleva a la palabra desnuda y dialogante con lo sensorial que nos habita, evadiendo la cotidianidad. Cuando llueve, la poesía convoca sus oráculos urgentes y llega a los ojos ilimitada de mensajes. Eso sucede en este libro, la lluvia se desdobla y en la divinidad breve que brinda su caída se extiende en lontananza:

[…] tú, colosal marina,
doblada de silencios,
tersa y ondulada,
poblada de indulgencias,
quiebras la noche
lluvia y poesía mía.

Lluvia y poesía (p.108)

La lluvia es cuerpo vital para el poema. El poema desde sus palabras azuza con un aguacero total en el que el lector puede identificarse con su melancolía, con la memoria, con lo vivido y llorado; además de resaltar una continuidad en el pueblo de la imagen. Se hace esplendoroso, emprendedor. Sucede que el verso mueve al fin su universo, y el universo que transitamos suma esta simbiosis a un mensaje transparente y vivaz en su visión y sonido.

El amor tiene su vigía alumbrando cada elemento brindado para la poesía. Llueve en el amor, se habla con lágrimas, y las lágrimas dibujan en libertad un rostro. La soledad tiene su luz de correspondencia.

Al leer este libro, nos sentimos pasajeros, con la poeta, de lo que cada letra transita, abraza o adivina. Su unidad temática es transparente y diestra, ha sido hecha para los sentidos y el gozo que brinda la buena poesía, que por demás no renuncia a sorprendernos.

Ahí queda entonces para el lector. Ahí queda, en definitiva, la búsqueda por cada signo y cada mensaje ofrecido. Nos espera, dentro del libro, en excelencia, todo un camino que oficia recorrerse:

Otra vez
delegué el cuerpo
el recorrido del alma
y se hizo lluvia
en mi pecho
el amanecer
y sombra
y delirio
y frío penitente
otra vez…

Otra vez (p.81)

Nos queda entonces, con la poeta, la continuidad, su continuidad… seguro azar. Quiero decir que andaremos por un libro celebrado.

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