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jueves, agosto 11, 2022

Recursos inútiles contra el bullying

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Maria Beatriz Munoz Ruiz
Maria Beatriz Munoz Ruiz
Escritora y Directora de la revista digital cultural One Stop. Titulada como Community manager y Técnico en consumo, con formación en marketing digital y columnista internacional de la revista Pandemia, cultura contagiosa en la que colabora también con el seudónimo de La Dama oscura. Cuenta con 14 novelas publicadas, todas las encuentras en Amazon. Colaboradora de varias revistas internacionales. Nació el 12 de septiembre de 1977 en Granada (España). Cursó sus estudios en el colegio Sagrada Familia, pero quién realmente fomentó su pasión por la literatura fue su abuelo, alguien que marcó su carácter, y al que nunca olvidará.

Photo by RODNAE Productions from Pexels

Es frustrante ver como se está destinando dinero a recursos contra el Bullying y lo poco efectivos que son.
Los que no tengan hijos, ven genial que continuamente se esté bombardeando con anuncios o declaraciones de famosos contando lo mal que lo pasaron en su infancia o adolescencia por sufrir el temido acoso escolar. Creeréis que esto funciona, ¿verdad? Pues siento quitaros la venda de los ojos y deciros que no, nada de esto funciona. ¿Creéis que el niño o niña que hace bullying va a reconocer que lo está haciendo? ¿creéis que se va a sentir mal y va a pedir perdón? ¿Creéis que los padres de esos niños saben realmente el daño que están haciendo sus hijos a otros niños?
No, no, y no, esa es mi respuesta a todas las preguntas. Los padres piensan que sus hijos son inocentes de todo, se creen todo lo que sus hijos les cuentan. “¿Mi hija?, ¿mi hijo?, imposible… si mi hijo no habla con nadie… mi hija me ha dado otra versión… mi hija no ha hecho nada…” De todas estas frases solo hay una con la que estoy de acuerdo; efectivamente, vuestras hijas e hijos no han hecho nada, y si eso lo aplicáramos al código penal, podríamos decir que han cometido un delito de omisión.
Si alguien se está desangrando y tú pasas por su lado, te quedas esperando a que muera o simplemente sigues tu camino, eso está recogido en el código penal español como delito; pero, sin embargo, si están viendo como aíslan a una niña o niño, si están viendo lo mal que lo está pasando por las palabras cargadas de veneno que le soltó una compañera a la que los demás apoyaron… no hay consecuencias, al igual que si esas niñas o niños pasan del tema, o siguen con su vida e ignoran a la víctima. Tampoco pasa nada si la miran mal y, a pesar de ser una niña normal, guapa, educada e inteligente, la hacen sentir como si fuera un bicho raro, porque aquí, nunca pasa nada.
Sus madres lo saben, pero miran hacia otro lado, el colegio lo sabe, pero mira hacia otro lado, claro que, los letreros sobre el bullyng de las escaleras quedan muy bonitos y socialmente correctos, las charlas sobre el acoso están genial para quien las escuche, y las frases llenas de espiritualidad y ADN solidario que dan a entender la gran y bonita familia que se construye allí nada más ponerte el uniforme, es hermosa.
Sí, todo muy bonito, pero, sin embargo, es otra la realidad que la victima de bullyng sufre: mientras se pone un video sobre bullyng para concienciar, los alumnos repasan el examen de francés. A los niños, las actividades y charlas contra el acoso les entra por un oído y les sale por el otro, lo único que se consigue es hacer que la víctima se sienta identificada y lo pase aún peor, ya que sus compañeros permanecen impasivos.
Por otro lado, los carteles, suponen un adorno más, algo decorativo, o más bien las burlas de todos, tanto de los acosadores como de los acosados, que ven un sin sentido, ya que su problema va a peor, y la única solución es cambiar de clase, cambiar a esas otras clases en las que años anteriores también sufrió bullying, ir con los niños que han seguido hablando mal de ella o él y han contribuido a la situación actual.
¿Queréis soluciones? No, no las queréis, pues supondría enfrentaros a demasiados padres, las víctimas son un mal menor, ya que al final terminan yéndose a otro colegio, y, muerto el perro se acabó la rabia. Pero, aunque no las queráis os las voy a dar: Solución sería sancionar al acosador y a los que hieren ignorando a ese niño o niña, porque esto es como un dominó, si una pieza empuja a otra, todos caen, nadie quiere enemistarse ni meterse en problemas, nadie quiere ponerse en el punto de mira acercándose a la víctima, y, por lo tanto, al final todos terminan siendo acosadores.
Pero no los sancionéis con la expulsión, sancionadlos yendo más horas a clase, sancionadlos causándoles el mismo dolor que la víctima sufre, y, por supuesto, nunca pongáis en duda la versión de la víctima. Y un detallito, enviad al psicólogo a los acosadores, no a los acosados.

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