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jueves, enero 20, 2022

Sueños rotos

Tienes que leerlo
Maria Beatriz Munoz Ruiz
Escritora y Directora de la revista digital cultural One Stop. Titulada como Community manager y Técnico en consumo, con formación en marketing digital y columnista internacional de la revista Pandemia, cultura contagiosa en la que colabora también con el seudónimo de La Dama oscura. Cuenta con 14 novelas publicadas, todas las encuentras en Amazon. Colaboradora de varias revistas internacionales. Nació el 12 de septiembre de 1977 en Granada (España). Cursó sus estudios en el colegio Sagrada Familia, pero quién realmente fomentó su pasión por la literatura fue su abuelo, alguien que marcó su carácter, y al que nunca olvidará.

Todos tenemos sueños, algunos los ocultan bajo una vida cómoda e inútil que no les llena, otros se sienten incompletos, otros no luchan por ellos y otros no tienen posibilidades de cumplirlos.
A veces sería mejor no tener sueños, no creer en una vida mejor, a veces, sería mejor no tener esperanzas y conformarse con lo que la vida nos ofrece, disfrutar con esas pequeñas cosas del día a día con las que intentamos convencernos de que son suficientes para ser felices. Pero la mayoría de las veces, cuando dejamos de ver unicornios, lindos amaneceres, cuando andamos descalzos por la tierra, miramos al cielo y nos preguntamos si eso es todo lo que la vida nos puede ofrecer y lo que nosotros podemos ofrecer a la vida, nos sentimos infelices y culpables por sentirnos infelices.
Miramos atrás y vemos a personas que se conforman con lo que tienen y son felices, entonces sentimos envidia y deseamos ser como ellos, deseamos dejar de soñar con cosas imposibles, deseamos conformarnos con nuestra vida, que tampoco está tan mal.
Pero no, en ese instante sale nuestra guerrera, nuestra soñadora, nuestro rayo que ilumina el camino y nos dice que todo es posible.
Entonces te preparas, te equipas y comienzas a escalar esa enorme montaña, todos te observan desde abajo sin entender por qué lo haces, pero tú no miras abajo porque sientes que el vértigo te haría caer. Estructuras tu recorrido en la cabeza, sabes que estás preparada para subirla, y cuando ya estás a punto de alcanzar la cumbre, caes.
Caes tan rápida y bruscamente que no te da tiempo de prepararte para el fracaso, tus seres queridos intentan amortiguar el golpe, intentan darte ánimos, pero tú estás dolorido, sangrando, herido de gravedad.
Miras la montaña y sabes que estuviste cerca, pero tus lágrimas llenas de fracaso no te permiten ver como se te escapan tus sueños.
Miras la montaña desde abajo y dices “Ahora no será, pero cuando mis heridas se curen, volveré y alcanzaré mi meta”
Pero mientras tanto, sigues caminando como las demás personas, como si nada hubiera sucedido, como si las heridas no dolieran, pero duelen, duelen mucho, y si observáis a los demás atentamente, sabréis que todos ellos tienen su propia montaña, sus propias heridas.
Algunos siempre llevaran sus heridas porque abandonaron la idea de volver a subir esa montaña, y otros ven pasar el tiempo y se preguntan cuándo podrán hacerlo.
Dicen que persigamos nuestros sueños, pero lo que nunca se dice es lo mucho que duele cuando los sueños se escapan.
¿Y vosotros? ¿os habéis caído? ¿seguís intentando subir a la cima de esa montaña? Lo que no sé es cuantas veces podré intentar escalar, duele demasiado, quizás ese no sea mi destino, quizás sea tan cabezota como para llevarle la contraria al universo, y quizás, mi problema es que no miro al frente y siempre miro hacia arriba.
La vida es complicada, por eso cuando me reencarne, si es que existe la reencarnación, deseo hacerlo en una paloma, una fea, insulsa, aburrida y común paloma.
Cuando sea paloma, quiero volar libre, comer, beber y hacer mis necesidades en cualquier sitio, bueno, la verdad es que esto último no es que me atraiga mucho, pero el hecho de hacerlo significa que no tengo que pensar en nada, simplemente en sobrevivir día a día.
Así que cuando miréis a una paloma, no la veáis como un ser inferior, tenedle envidia, ellas no tienen sueños, no tienen problemas porque simplemente se concentran en sobrevivir. Tampoco penséis que el frío o la lluvia les afecta y no les tengáis lástima porque vivan menos que los humanos, ya que no son los días que se vivan, sino cómo se vivan.
Nadie las llorará cuando mueran, pero poco les importa, no dejan nada atrás y viajarán libres de equipaje.
Cuando sea paloma volaré muy alto y alcanzaré la cima de esa montaña, pero como no tendré sueños, pues simplemente limpiaré mis alas y seguiré mi camino compadeciéndome de los infelices y pobres mortales.

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