domingo, septiembre 19, 2021

La gran tormenta

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Maria Beatriz Munoz Ruiz
Escritora y Directora de la revista digital cultural One Stop. Titulada como Community manager y Técnico en consumo, con formación en marketing digital y columnista internacional de la revista Pandemia, cultura contagiosa en la que colabora también con el seudónimo de La Dama oscura. Cuenta con 14 novelas publicadas, todas las encuentras en Amazon. Colaboradora de varias revistas internacionales. Nació el 12 de septiembre de 1977 en Granada (España). Cursó sus estudios en el colegio Sagrada Familia, pero quién realmente fomentó su pasión por la literatura fue su abuelo, alguien que marcó su carácter, y al que nunca olvidará.

Muchos países están quitando la prohibición de usar mascarilla en el exterior, el debate está en la calle y en las casas. Algunos dicen que es pronto, otros, respiran aliviados al ver llegar un verano caluroso que se avecina mejor que el pasado. El levantamiento de esta prohibición, es todo un consuelo, sobre todo en mi tierra, Andalucía, donde la mayoría de los veranos solemos alcanzar los cuarenta grados.
Es un tema complicado, aún hay miedo, y si antes teníamos el síndrome de la cabaña, ahora tenemos el mismo síndrome, pero con la mascarilla. Ese trocito de tela con miles de capas de filtros que te cubren media cara, se han convertido en nuestro escudo protector, lo único que nos salva de ese maldito virus que nos ha cambiado la vida. Pero poco a poco debemos volver a la normalidad, aunque nunca volvamos a ser normales, aunque aquellos momentos en los que el mundo quedó en silencio permanezcan en nuestra memoria. Algunos vivirán con las secuelas físicas de haber pasado el virus, otros, vivirán con las secuelas psicológicas y con alguna pastilla que antes no sabían de su existencia, y por desgracia, otros no vivirán, este virus se los llevó y dejó a miles de familias destrozadas, sin poder despedirse de ellos, sin poder sujetar sus manos y darles consuelo en sus últimos momentos.
Es comprensible que se tenga miedo a la desaparición de ese escudo protector que a pesar de tener presente en nuestra cabeza constantemente el virus, también nos liberaba del miedo, de los recuerdos de aquellos tiempos en los que para algunos fue una situación traumática el poner un pie en la calle.
Sí, yo era una de esas personas, una de las que se ahogaba entre las paredes de su piso como un pajarillo enjaulado, pero al que, sin embargo; le aterraba salir a un mundo inseguro, inestable y aterradoramente caótico.
Mi vida cambió el día que nos encerraron, no en sí por tener que estar recluidos en casa, sino por el miedo, la incertidumbre, el terror de la desinformación ante un virus desconocido al que no sabíamos cómo combatir, miedo a que a mi familia les sucediera algo y no tener libertad para ir con ellos.
Con el paso de los días, llegamos a acostumbrarnos y sustituimos nuestra casa por el mundo, pero las noticias nos hacían volver a recordar que había un mundo enorme fuera de allí que estaba sufriendo, que estaba muriendo…
Cuando te asomabas y veías un balcón lleno de plantas secas, tus ojos se humedecían, sabías lo que pasaba, pero muchas veces las palabras son dolorosas de decir en voz alta, así que muchos hemos callado, hemos llorado en silencio y hemos recordado aquellos días, porque, aunque deseemos olvidar, aquellos días nos cambiaron. Aún hay momentos que miro al horizonte y recuerdo lo frágiles que somos los humanos, lo insignificantes que somos y lo grandes que nos creemos. Pobres ignorantes egocéntricos, creen que dominan el mundo, pero bastó que alguien chupara un murciélago para que murieran millones de personas.
Por todo esto os pido, que no os riais de aquellos que aún sigan usando mascarilla, aunque no sea obligatoria, porque quizás esa persona perdió a un ser querido por culpa de esta pandemia, porque quizás esa persona esté asistiendo al psicólogo para superar la situación, porque tal vez para esa persona, la mascarilla supone una oportunidad para salir al mundo y enfrentarse a sus miedos poco a poco.
Cada persona necesita sus propios tiempos, y nadie debería juzgar a otros por ser prudentes. Pero también lo digo en sentido contrario, la pandemia poco a poco va llegando a su fin, y las medidas deben ir relajándose para llegar con el tiempo a la libertad que antes teníamos, por tanto, es también válido que la gente vaya en espacios abiertos sin mascarilla, y a ti que criticas el levantamiento de esa prohibición te digo que, por encima de todo, el ser humano debe disfrutar de su libre albedrío y recuperar la libertad que se tenía antes de esta pandemia.
No critiques lo que no compartes, no critiques lo que no entiendes, y, por supuesto, no critiques para imponerte.
Vive tu vida y deja a los demás vivir la suya, vive esa vida que has tenido la suerte de conservar después de la gran tormenta.

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