domingo, octubre 24, 2021

Pelitos La Hormiga

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Esmeralda Garcia Avilahttp://www.amazon.com/author/esmeralda
Esmeralda Garcia-Avila, nació en la Ciudad de México, actualmente reside en Chicago, Illinois. Trabajadora Social, actualmente cursando una licenciatura en psicología en San Agustin College en Chicago. Ha escrito una novela titulada "El niño" y dos cuentos para niños "La pequeña estrella" y "Pelitos la hormiga" disponibles en Inglés y español.Ella se define como una amante de las letras, que deja volar su imaginación y plasmar con palabras, lo que le dicen las estrellas y esos instantes que dejan huella en su corazón.

En sus ojos descubrí, lo que es el amor verdadero. Christopher y Sophia Frangos Garcia.

En Hormigalandia, la tierra de las hormigas. Vivía una hormiguita diferente a las demás, sus dos pelos en la cabeza y sus miles de sueños por realizar, lo convirtieron en la burla de la ciudad.

Pelitos la hormiga, como lo conocían, soñaba con manejar una motocicleta Hormi-gadison y usar una chamarra de algodón del diseñador francés más famoso de la ciudad, Doan Ombligoaw quién diseñaba la ropa de las hormigas estrellas de Hormigallywood. Famoso, no solo por su ropa, sino porque su ombligo era la fábrica donde cultivaba el algodón con el que diseñaba su ropa.

 

Los sueños de Pelitos no solo se basaban en cosas materiales. Él quería una motocicleta para facilitarle el trabajo de búsqueda y recolección de comida a su mamá. Y con la chamarra quería cubrir su espalda y así poder cargar más alimento para almacenar.

Todos en la escuela se burlaban de Pelitos, pues nunca una hormiga se había atrevido a soñar y querer hacer algo diferente de las demás. Los hombres trabajan en el campo y las mujeres en el hogar. Pelitos estaba consiente que sus sueños eran casi imposibles de realizar por la pobreza en que vivían y por la enfermedad de su mamá.

Pero el simple hecho de imaginarse conduciendo una de las motocicletas hormi-gadison último modelo y usar una chamarra de algodón, lo hacían sonreír y aferrarse a la idea que todo en la vida se puede lograr.

 

En la escuela, Pelitos la hormiga no tenía amigos ni nadie con quien jugar. Todos los días a la hora del recreo, Pelitos temía salir a jugar. Pues como de costumbre sabía, que solo se acercarían las hormigas para pegarle, burlarse de él, romperle sus libros, tirarle su comida al piso y jalarle sus dos pelitos, mientras las demás hormigas se reían de él, al verlo llorar.

Pobre Pelitos! Todos los días lloraba en el patio esperando que su vida algún día fuera a cambiar. Nunca le decía a su mamá lo que le pasaba, pues problemas no le quería dar. En la escuela los maestros lo ignoraban porque a él no le gustaba hablar. Y en su casa su familia se burlaba de él por no ser una hormiga normal.

Poco a poco, Pelitos la hormiga, dejó de platicar. Ya no sonreía como antes, caminaba con la mirada al piso, había perdido el interés por las motocicletas, las chamarras de algodón y a la escuela no quería regresar.

Una noche, el llanto de Pelitos despertó a su mamá. Ella se levantó de su camita y lo fue a buscar. Pelitos no tenía papá pero su madre lo amaba, cuidaba y aconsejaba para que triunfara y no se sintiera mal. Lo abrazo fuertemente y trato de consolar. Pelitos con mucha tristeza le contó lo que le hacían sus amigos en la escuela y lo que opinaba su familia de él, por no ser igual a los demás.

Su mamá lo escucho en silencio, le seco sus lagrimitas y cuando estaba más tranquilo le dijo:
– “No tienes por qué sentirte mal. Las hormiguitas diferentes son las que sufren más porque hacen lo que otros no se atreven a intentar.”

Muchas hormigas temen al fracaso y se preocupan demasiado por la opinión de los demás. Por ello no luchan por lo que desean de verdad y cuando ven que otra hormiguita se esfuerza por superarse, hacen hasta lo imposible porque fracase y termine su vida infeliz y amargada como la de ellos.

“Las hormigas exitosas son aquellas que se enfrentan a sus miedos y no abandonan sus sueños”. Pelitos abrazo a su mamá y le prometió que no lloraría más y que su vida iba a cambiar.

Al otro día en la escuela, pelitos fue con su maestra y le explicó lo que le pasaba. Ella de inmediato solucionó el problema y en el recreo nadie lo volvió a molestar. Al salir de la escuela su madre lo esperaba, para brindarle seguridad.

Todo marchaba bien hasta que una tarde en la escuela mientras Pelitos jugaba, unas hormigas comenzaron a molestarlo. Pelitos por unos segundos sintió miedo pero recordó las palabras de su mamá y con valor los miro a ojos y les pidió que lo dejaran en paz. Pelitos sonrió al ver que en efecto, él podía cambiar todo aquello que le hacía mal.

Cada tarde al salir del colegio se iba a casa a hacer la tarea. Después, ayudaba a su mamá a guardar la comida que ella había encontrado en el campo.

 

En la noche agotado, se iba a su camita a descansar, no sin antes revisar la revista de motocicletas donde estaba la que él soñaba algún día comprar. La veía hasta quedarse dormido y en sus sueños se imaginaba jalando con la motocicleta la comida que su mamá había recolectado durante todo el día. Siempre que pelitos estaba bajando la colina a toda velocidad, su mamá lo despertaba de su sueño.

Un día pelitos caminaba por el campo y escuchó los gritos desesperado de alguien:

-“Auxilio, ayúdenme por favor.” -Pelitos con miedo busco a su alrededor y a lo lejos vio a una hormiga que tenía una patita atrapada en un botón de camisa.

Pelitos corrió hacia ella e hizo varios intentos por levantar el botón, pero estaba muy pesado y no podía moverlo sólo. Muchas hormigas pasaban por ahí pero nadie se acercaba a ayudarlo.

 

Pelitos se acercó a dos hormigas y les pidió ayuda, pero una hormiga le respondió:
– ¿porque ayudas a esa hormiga? No la conoces y tú por querer ayudar te puedes buscar problemas.
Y la otra hormiga le dijo:

– ¿Qué tal si es una trampa y te roban o te hacen algo malo? Hoy en día ya no se puede confiar en nadie.

Pelitos escucho atentamente a las dos hormigas quienes después de hablar con él siguieron su camino. Por unos minutos pensó que tal vez ellas tenían razón, pero si abandonaba a la hormiga, moriría de hambre y frío.

En silencio, Pelitos observó a la hormiga quien ya no podía moverse ni hablar y recordó el secreto que su mamá le enseñó para cargar cosas pesadas.
Se acercó a la hormiga y con mucho cuidado metió su cuerpo por debajo del botón, arrastrando su carita y pancita en la tierra. Con toda su fuerza intento levantar el botón pero después de varios intentos, el peso le lastimo sus manitas. Aun así, se aferró a ayudar a la hormiga quien ya no se movía.

Las hormigas que pasaban por ahí se burlaban de él y continuaban su camino. Mientras, Pelitos perdía poco a poco sus fuerzas. Desesperado por ayudar a esta hormiga, respiro profundamente y con sus patitas temblando, levantó el botón con su espalda y la hormiga logró sacar su patita del botón de la camisa.

 

Pelitos a pesar de estar lastimada ayudó a la hormiga a levantarse y la llevo a un hospital donde la dejó y no volvió a saber de ella.

Pelitos estaba feliz de saber que tenía la fuerza suficiente para levantar cosas pesadas. Comprendió que nadie sabe qué tan lejos puede llegar hasta que intenta lo que parece imposible.
Mientras caminaba, pensó en buscarse un trabajo para ayudar a su mamá y de esta manera ahorrar dinero para comprar las cosas que tanto deseaba. Al llegar a casa, Pelitos le conto a su mamá lo sucedido y su madre lo felicitó por su buena acción pero le dijo que tuviera cuidado y que no confiara fácilmente en todo el mundo, porque hay hormigas que abusan de la bondad y los buenos sentimientos.

 

El invierno se acercaba y la mamá de pelitos se enfermó. Así que Pelitos dejó la escuela para ayudar a su mamá. Todos en Hormigalandia conocían sus sueños y siempre que Pelitos pasaba con su espalda llena de hojas se burlaban de él y le preguntaban:
– ¿Pelitos, donde está tu motocicleta y tu chamarra de algodón?
Otros le decían:
-Tonta hormiga, despierta de tu sueño. Las hormigas pobres y diferentes como tú, nacieron para trabajar.

Pelitos la hormiga agachaba su cabeza y al llegar a casa se ponía a llorar. El invierno llegó y Pelitos se quedó en casa con su mamá hasta la primavera. Todo este tiempo pensó, que tal vez todos tenían razón y lo mejor que podía hacer era olvidarse de sus sueños y dedicarse al igual que las otras hormigas a trabajar y almacenar comida.

 

El primer día de primavera el sol ilumino la pradera y todas las hormigas felices salieron de sus casas para ver la luz del sol y prepararse para recorrer el campo en busca de comida fresca. Pero en medio de la multitud se escuchó el ruido de una motocicleta. Ruun, ruun, ruun. El conductor movía la cabeza de un lado para otro como buscando a alguien.

Pelitos la hormiga lo vio desde lejos y corrió hacia él, pues jamás había visto una motocicleta. El conductor se detuvo, se quitó los lentes negros, se bajó de la motocicleta y le dijo:

-Hola Pelitos, yo soy la hormiga a quien le salvaste la vida. Una acción siempre tiene una consecuencia; y si las cosas se hacen con el corazón y honestamente tienen su recompensa.

Escuché que tú sueño es una motocicleta Hormi-gadison con la cual quieres ayudar a tu mamá y una chamarra de algodón del diseñador francés Doan Ombligoaw. Y pues bien, aquí estoy para recompensar el que hicieras lo que nadie más se atrevió hacer.

Yo soy el dueño de las motocicletas Hormi-gadison y Doan Ombligoaw, quien es mi amigo y por tu buena acción, te diseño una chamarra especial con tu nombre en la espalda. No te busque antes porque tú sabes bien que Doan Ombligoaw se toma mucho tiempo para hacer la ropa y esperé hasta tener todos tus regalos para venir a sorprenderte.
Pelitos saltaba de emoción pues jamás se imaginó que por haber hecho el bien, lo recompensarían de esa manera. Recibió sus regalos, mientras todos le aplaudían y gritaban su nombre.

 

Su fotografía salió en la portada de la revista de motocicletas Hormi-chopper. También en la revista de autos “DNW” (Dii-En-Woloyu) y la prestigiada revista “Taim” como la hormiga del año. A parte de eso, por sus dos pelos en la cabeza. Hizo comerciales para la marca de shampoo “Hormire’al” y los cosméticos “Levon”.

Desde ese día, todos en Hormigalandia veían con respeto y admiración a Pelitos la hormiga que se atrevió a soñar.

 

Pelitos por su parte continúo su vida normal. Después del ir al colegio corría a casa estudiar. Al terminar se ponía su chamarra de algodón y orgulloso en su motocicleta ayudaba a su mamá para así más rápido los dos regresar a casa a descansar.

Ahora Pelitos bajaba las colinas, sin que nadie más lo volviera a despertar.

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