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Thursday 22nd of April 2021
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Dulce

Erase una vez una niña hermosa, resultado de la fusión de dos cuerpos que encontraron su alma gemela; procreada y cuidada en todo el proceso de gestación, cada día sus padres entablaban un diálogo con su personita, comentándole lo importante que era su presencia en sus vidas, colocaban en su vientre unos audífonos con música clásica de Mo- zart, cuyo ritmo, tono y timbre de frecuencias musicales lograban tranqui- lizar sus constantes movimientos y dibujaban un esbozo de sonrisa fetal en su diminuta boquita, haciéndola sentir segura, amada y deseada.
Sus progenitores cristalizaron su primer proyecto de vida en pareja, con el nacimiento de ese frágil y diminuto ser de ojos vivaces y chispeantes; a partir de ese momento, cada instante ha sido una lección de vida; a través de su sonrisa angelical penetraron a un mundo de sentimientos y emociones, conocieron la magnificencia de un Ser supremo, trascendieron en el tiempo y perpetuaron el amor en todas sus representaciones más sublimes.
Dulce es un nombre corto, hace alusión al sabroso y agradable dulzón del azúcar añadido a los caramelos. ¡No!, no es un capricho goloso, la respuesta científica ante este hecho, es que su consumo en los niños es una necesidad biológica de los huesos que se encuentran en crecimiento y necesitan abastecer esa fuente de energía. Aunado a eso, los pequeñines están creciendo y desarrollando su imaginación, su mundo se va ensanchando y alargando en la medida en que van encontrando forma, razón y sentido a las cosas y personas que están cerca y lejos de su alcance.
El nombre de una persona era, es y será el rasgo distintivo ante sí misma y la sociedad, así como parte fundamental de su carácter y temperamento. Dulce se convertiría en la tejedora de sus propios sueños, en la artesana que pintaría su mundo con los colores del arcoíris, sólo era necesario proporcionarle las primeras herramientas para que su imaginación empezara a volar y trascendiera a través de los mares, las fronteras y el espacio.
Esta pequeña aprendió en el diario vivir, en la cotidianidad, cuando las acciones hablan más que mil palabras, el amor transpira por los poros, se siente en el ambiente, se percibe en el tacto. Como bebé y posteriormente infante, era altamente vulnerable, necesitaba ese vínculo y lazo afectivo, seguridad, alimento, cobijo y amparo que solamente proporcionan los primeros cuidadores
Poseemos características innatas, como el reflejo, la succión, el gusto por lo azucarado en vez de lo amargo, reacciones ante el ruido, entre otras, el resto se van aprendiendo por las personas y contexto, pero también por la capacidad de cuestionarse y las respuestas proporcionadas.
Pues bien, esta era Dulce, una niña vivaz e inquieta de cuatro años que solía preguntar sobre todo lo que observaba, escuchaba e imaginaba; aprendió a distinguir las cosas por su nombre y por el concepto que se formaba de éstas. Por ejemplo, a distinguir la diferencia entre caliente y frio, el grito de alarma de sus padres: ¡cuidado!, ¡No te muevas!, ¡no lo toques!; así como se le enseñó a que no todo lo que se quiere se puede obtener aunque gritara, pataleara e hiciera el berrinche de su vida; pero uno de los aprendizajes más importantes en su tierna infancia fue entender el proceso de gestación de su hermanita; observar como crecía la barriga de mamá, el arribo a casa de una bebita que robó la atención que antes solamente a ella se le prodigaba, pero principalmente aprendió a amarla, cuidarla y a compartir todos los juguetes y momentos de su existencia
Su llegada a preescolar abrió una puerta al saber y una oportunidad de socializar con todos sus compañeritos, su maestra era como una caja de sorpresas, cada día llegaba y le sorprendía con nuevo conocimiento, cantando, jugando, platicando fue entrando a un mundo de significados cada vez más grande. Dulce sabía que las pelotas eran redondas como los círculos que su maestra pedía que trazara y llenara de color; a veces tenía que usar papelitos que luego hacía bolitas con sus deditos y rellenaba pacientemente cada espacio usando un pegamento especial para que no se saliera del lugar; otras veces, se le pedía que cortara con sus tijeras los bordes trazados.
–¡Ya sé!, dijo un día mientras observaba una pelota que estaba en su cuarto. -Todas las pelotas tienen forma redonda, las hay grandotas, chiquitas; las conocía porque en sus cumpleaños y en el de los demás amiguitos y familiares siempre había pelotas para jugar, patear o aventar. De esa manera aprendió que una sola palabra sirve para distinguir un mismo objeto que se usa para distintos propósitos. Por ejemplo, cuando acompañaba a papá a los juegos de beis bol pudo constatar el tamaño de ésta, porque un jugador lanzó tremendo hit, que la pelota venía como un bólido en dirección a ella, entonces, papá la tomó por los bracitos y la hizo volar por los aires para evitar el golpe. Después de la sorpresa, la niña corrió hasta donde el objeto volador paró su atropellada carrera, la tomó en sus manitas y la aventó al jugador.
–¿Por qué tuve que devolver la pelota? Cuestionó, ¡yo la encontré! y me la quería llevar a casa.
–Debemos entregar las cosas a sus dueños, además ellos la necesitan para seguir entrenando.
De esa manera entendió el concepto de honestidad y cómo aplicarlo a su vida.
En otra ocasión, acompañó a su madre al gimnasio y de pronto la vio sentada y saltando en un gran balón que rebotaba en el suelo con cada brinco que daba. – ¿Qué estás haciendo mami?, yo quiero jugar contigo.
–No estoy jugando, estoy haciendo ejercicio y éste no es un juguete.
–Entonces ¿por qué sonríes cuando saltas y parece que te estas divirtiendo mucho?
–Porque adoro hacer ejercicio, -contestó la madre, -y cuando haces lo que te gusta, debes hacerlo muy contenta.
Aprendió que todo lo que hacemos tiene un propósito y que la felicidad consiste en hacer las cosas con amor y positivismo.
A partir de ese momento empezó a notar todo lo que tenía forma de circulo: como el reloj de pared que estaba en la casa de los abuelos, el reloj de pulsera que usaba su abuela, aunque los números estaban tan pequeñitos y era imposible que pudiera leer la hora, siempre terminaba mirando el gran reloj que estaba a un costado de la cocina; los tomates, naranjas y paletas de caramelo que compraban en el supermercado; el sol cuando empezaba a dibujarse en el horizonte y las puestas de sol en las tardes apacibles que jugaba en el patio de su casa, donde la vista al campo era espectacular y permitía recrearse con todas las maravillas y colores que la naturaleza suele proporcionar.
Algunas noches, salía con sus padres a observar el firmamento, sus ojitos se movían vivaces e inquietos y su pequeño pulgar apuntalaba hacia el cielo buscando alguna estrella fugaz, forma a las constelaciones,
respuestas a las preguntas que por generaciones la humanidad se ha hecho cuando fija su mirada en la inmensidad y belleza del espacio. Una de esas noches, descubrió que a veces la luna formaba un circulo tan perfecto que parecía que un pintor la había dibujado magistralmente en el cielo.
–Mira mami, las llantas de mi bicicleta forman un círculo, las monedas con las que compro mi lonche también, el anillo que uso en mi dedito, las llantas del coche de papá; estoy segura que hay muchos círculos más que descubrir.
–Sí mi niña, las cosas tienen forma, color y textura.
–¿Qué es la textura?
–Es la sensación que se genera cuando la piel roza o toca algún material. Por ejemplo, la piel del cocodrilo y del elefante es rugosa, puedes verla, aunque no los toques; el roce con el vestido de terciopelo que compramos para tu cumpleaños es suave.
–¿Y qué es rugosa?
Es una sensación áspera, tanto a la vista como al tacto.
–¡Blanda, suave, rugosa, dura!, repetía mientras corría por toda la casa tocando distintas cosas.
–Hoy aprendí sobre los animales, dijo Dulce. La maestra nos explicó que algunos tienen alitas y pueden volar por los aires, otros solamente pueden vivir en el agua, algunos son de agua y tierra. ¿Podrías ayudarme con la tarea mami?, debo platicar sobre esto a mis compañeritos.
–Claro, dijo mamá, -vamos a encender la computadora para explicarte mejor. Primeramente, platicaremos sobre los animales que vuelan, ¿cuáles conoces?
–Los pájaros y los zopilotes. -contestó.
Existen muchos más y se clasifican por grupos o especies, te nombraré algunos y tú me dices cuál te interesa más.
–canarios, águilas, guacamayas, abejas, colibríes, mariposas, búhos, palomas, gaviotas,
–¡Espera!,-dijo la pequeña con voz impaciente. –El águila está grandota y solamente la he visto en películas, sé que vive en las montañas y que vuela muy rápido para atrapar a su presa entre sus garras; pero, he observado por las mañanas que vamos al supermercado pajaritos que tienen hermosos colores y trinan tan alegres, mientras revolotean sus alitas en una jaula. ¿Por qué están en prisión?, ustedes me han dicho que solamente las personas que hacen algo malo van a la cárcel para que no le hagan daño a la sociedad. ¿Es acaso que se han portado mal?
–Nada de eso hija, es que el hombre en su egoísmo ha querido encerrar su belleza para adornar sus hogares, dar alegría a su vida y música a sus oídos; sin embargo, los animales deben ser libres y hacer la función para la que fueron creados: los colibríes se alimentan del néctar de las flores y son parte esencial de los ecosistemas, las golondrinas que llegan y hacen su nido con barro que transportan en sus picos, vienen todas las primaveras a tener a sus críos y emigran en el invierno; las abejas son productoras de miel y son un gran ejemplo del trabajo en equipo; los petirrojos y ruiseñores vienen a nuestro jardín sin necesidad de que los tengamos prisioneros, las palomas gustan de andar por las plazas y los niños pueden compartir su alimento con ellas.
–Entonces ¿qué animales podemos tener como mascotas?
–Las mascotas brindan muchas satisfacciones, cariño y alegría, pero también muchas responsabilidades, hay que alimentarlos, asearlos, limpiarles su espacio; estoy segura que los perros, gatos y conejos son la mejor elección.
–Quiero un perro, un gato y un conejo para que sean mis mejores amigos, expresó alegremente. Jamás los abandonaré y siempre los cuidaré, así como ustedes nos aman a mí y mi hermanita.
Recuerdas que el año pasado te compramos una cachorrita pit bull, creció tanto que nuestro pequeño patio era insuficiente para que se moviera y ejercitara, además estaba encerrada en el barandal de la cochera para que no se perdiera, la atropellaran o alguien se la robara, eso también asemejaba los barrotes de una prisión. No teníamos tiempo de sacarla a pasear y además nos molestábamos cuando había que limpiar su excremento.
–Los conejitos tienen una piel tan suave y son pequeñitos, pero requieren un espacio donde haya pasto y tierra. Nos decidiremos por un gatito, deberás alimentarlo, cuidarlo y ayudarme a limpiar su arena. Y desde ese día, Príncipe, un gatito blanco con lunares negros, ojos azulosos y pelaje suave se convirtió en un miembro más de la familia.
–Papi, dijo de pronto un día con la angustia reflejada en su carita:
–No me gustó la película porque el hombre del circo daba latigazos a los tigres, a leones y elefantes, además los tienen en jaulas y ustedes dice que los animales deben estar libres.
–Tienes razón hija, pero no debes preocuparte, hay una ley que prohíbe que se utilicen animales en los circos, hay muchas otras maneras de entretenerse sin que los animales sufran. Además, cuando utilizaban animales en su espectáculo, los cazadores andaban siempre en búsqueda de crías pequeñas para venderlos a los dueños de los circos y que fueran adiestrados; era un sufrimiento doble, ser separado de su madre y todo lo que conocían, y soportar las horas de entrenamiento que en la mayoría de los casos era a través de látigo, descargas eléctricas, mal alimentados y viviendo encerrados.
–Entonces, ¿por qué en el zoológico los animales están encerrados?
–Es para su protección. Hay animales que están a punto de extinción, eso es que pueden desaparecer de la faz de la tierra y solamente los podríamos reconocer a través de fotos, como el oso grizzli y los rinocerontes negros.
–¿Qué otros animales están en peligro de que nunca los conozcamos papi?
–En México hay diez especies a punto de desaparecer: el jaguar, la tortuga caguama, el oso negro, el lobo gris, la vaquita marina; ésta última, se queda enredada en las redes de los pescadores, otros animales son cazados por sus pieles o porque son una amenaza para el ganado, ya que cuando tienen hambre atacan para sobrevivir, o porque el hombre ha destruido su lugar para vivir.
–Entonces, ¿por qué comemos carne de cerdo, pescado, vaca y de gallina?
–¿Sabes lo que es una cadena? Preguntó papá. –
–Claro, como la que te pones en el cuello o la que formamos en el kínder cuando nos tomamos todos de las manos.
–Muy bien, entonces te explicaré detalladamente. La cadena la forman todas las manitas unidas y entrelazadas, pero cada una de esas manos se llama eslabón. Todos los seres vivos nos necesitamos unos a otros para sobrevivir, formamos una cadena alimenticia porque requerimos nutrientes que se encuentran en el alimento que permite que nuestro cuerpo funcione, aunque somos totalmente diferentes tenemos en común la necesidad de obtener energía para vivir. La primera fuente de ésta proviene del sol, que llega hasta el suelo y permite el nacimiento de las plantas; este eslabón se le conoce como el de productores porque se genera el alimento principal que pasará luego a través de toda la cadena; el siguiente eslabón hace referencia a los consumidores, animales que se alimentan de plantas se les conoce como herbívoros, los que comen carne como carnívoros y los omnívoros comen plantas y animales. Finalmente están los descomponedores, que son como las aves carroñeras que comen los cadáveres de humanos o animales descompuestos.
Utilizando su habilidad para dibujar, el padre esbozó una cadena alimenticia perfectamente entendible; en la medida que el padre ahondaba en la explicación, el rictus de asombro, aparecía en sus ojitos.
–Me dices que las plantas son seres vivos también, -respondió la niña, ahora entiendo el proyecto que hicimos el otro día en clase, pusimos un frijolito en un frasco con algodón, le regamos y vimos cómo nació y empezó a crecer. También la maestra nos proyectó un video con el nacimiento de una oruga y ¿qué crees papi?, se convirtió en una linda mariposa con alitas. Pero, aún tengo muchas dudas que no logro entender:
–¿Quién pinta las flores de colores? ¿Por qué el césped es verde? ¿Por qué tienen frutas los árboles?, ¿por qué hace calor y frio?, una lluvia de preguntas acontecía ante el panorama que presentaba la primavera incipiente.
–Todo está relacionado, así como tu hermanita y tú se parecen a nosotros y a los abuelos, tus primos se parecen a tus tíos, en tu salón de clase hay pequeños con tez morena, blanca, con ojos de color, etc. Estas diferencias se deben a la herencia genética. Pues bien, las flores heredan también su apariencia, los colibríes, algunos pájaros y las abejas son responsables de la producción de ciertas flores, puesto que cuando se posan en una flor, en sus patitas se adhiere el polen, conocido como un polvo amarillo y elemento masculino que utiliza la naturaleza para fertilización de las plantas, de esta manera, cuando se mueven de flor en flor, van esparciendo la polinización y reproducción.
–Papi, ¿por qué el árbol de chabacano que se quemó atrás de nuestra casa, le están brotando esas florecitas rosas?
–Las plantas solamente son visibles en la parte exterior, por debajo de la tierra van echando raíces verticales para abastecerse de agua y raíces horizontales que les permite crecer fuertes y saludables. El daño que el chabacano sufrió afortunadamente fue externo. De las cuatro estaciones que tenemos, es la primavera la que permite el florecer y renacer en todos los sentidos, es el despertar por el aletargamiento del invierno. Los días son más largos y el sol pega directamente a la tierra.
–¡Ah! -exclamó, entonces el sol se mueve.
Con el lápiz en mano, crayolas y una libreta disponible, empezó a esbozar el sistema planetario y los movimientos de rotación y traslación de la tierra.
Esa noche Dulce tuvo unos sueños fantásticos, de pronto andaba como El Principito de Saint Exupery visitando cada planeta, aunque no tenía alas visibles, su padre le había explicado que saliendo de la atmósfera terrestre no había gravedad, la cual era causante de que los cuerpos cayeran. No tenía miedo de flotar en el espacio, a pesar de que le habían dicho que éste era infinito y tenía unos inmensos agujeros negros donde caían los meteoritos y otros cuerpos celestes. Toda su familia le acompañaba, hasta Príncipe flotaba maullado suavemente cada vez que aterrizaba en un planeta distinto. Llegaron hasta Urano, pero solamente estuvieron ahí por breves segundos, ya que hacía un frío insoportable. Cuando llegaron a Venus, el brillo del lugar hacía que todos parecieran como arbolitos de navidad, que aparecían y desaparecían en cada destello; de ahí le surgió una idea magnifica: utilizando la magia de los sueños, donde todo es posible, señalaba con su dedito índice, murmurando unas palabras clave como las utilizadas por las hadas de sus cuentos preferidos, – ¡babadababadabum! Y aparecía el nombre de cada planeta con luces resplandecientes. – De esta manera, -explicó a Príncipe, ya nadie podrá extraviarse en el espacio ni tendrá peligro de caer en esos espantosos agujeros negros.
Una hermosa sonrisa se dibujaba en su rostro. De pronto sintió que la mano de su madre la mecía suavemente, -Despierta, pequeña dormilona, es hora de ir a la escuela.
–Buenos días pequeñines, -dijo la maestra. ¿Están listos para empezar la aventura de un nuevo día?, -sí, -gritaron a coro.
–Pues bien, hoy tenemos a una nueva compañerita que se une al grupo, demos la bienvenida a Laurita. Una carita regordeta con ojos saltarines asomó tímidamente, dejando al descubierto una mirada tímida, expectante de aceptación y cariño. Había algo distinto en ella que Dulce no alcanzaba a comprender. Cuando la maestra le pidió que se presentara ante el grupo, sus palabras, ritmo y tono fueron inteligibles para algunos y no faltó el niño que siempre quiere hacerse gracioso ante los demás, empezó a reír a carcajadas, señalando con su dedo a la niña: – ¡no sabe hablar! decía, – ¡balbucea como bebé!
Lágrimas de miedo y espanto corrieron por sus mejillas y antes de que la maestra pudiera decir algo, Dulce corrió hacia la pequeña, la abrazó, le tomó de sus manos y dijo a sus compañeros: Papá me ha explicado que todos los seres vivos somos diferentes, eso no significa que unos seamos mejores que otros. –siéntate a mi lado Laurita, te compartiré mi lonche y seremos las mejores amigas.
La niña Down dibujó una amplia sonrisa en su rostro y a partir de ese momento se convirtió en compañera inseparable de Dulce y ganó el afecto de todos sus compañeros por las muestras de cariño que prodigaba a todos los que estaban a su alrededor.
Generalmente era la madre de Dulce quien la recogía a la salida de clase; un día traía un rictus de preocupación en su carita, no corría alegremente a su encuentro como usualmente lo hacía, parecía que cargaba en sus pequeños hombros un gran peso. – ¿Qué pasa Dulce?, ¿Estas enferma?, ¿te duele algo?, no pudiendo contener el llanto se abrazó a su madre diciendo:
–Laurita está enferma, su mamá vino a hablar con la maestra y lloraba mucho. Nos dijo que va a permanecer mucho tiempo en el hospital porque tiene una enfermedad que se llama leucemia. -Mami, dile a Diosito que la cure, ella tiene mucho miedo a las inyecciones. La madre la abrazó y cobijó en sus brazos mirando a su alrededor esa escena que se repetía con muchos de los compañeritos de su hija cuando corrían al encuentro de sus hijos. La maestra se encontraba hablando con algunos padres y las lágrimas corrían copiosamente por su rostro.
Ese fue el primer tropiezo que la niña tuvo con la enfermedad, un aprendizaje que rasga y lastima el alma. Los padres le apoyaron para que hiciera un dibujo y le grabaron un video para enviárselo a Laurita al hospital, buscaron la manera de hacerse presentes, no sólo por un deber moral, sino para que Dulce comprendiera que la amistad y solidaridad debe manifestarse siempre, sobre todo en los momentos que más se necesita.
Cuando Laurita volvía esporádicamente al jardín de niños, la sonrisa y alegría habitual había desaparecido junto con su larga cabellera rubia, sus ojos antes chispeantes y emotivos reflejaban cansancio y miedo ante lo desconocido.
Uno de los aprendizajes más crudos que Dulce enfrentó en su tierna infancia, fue el encuentro con la muerte. Observar el cuerpo de su amiguita dentro de un féretro, a sus padres llorando desconsolada y el que le hayan colocado en un gran agujero cubierto por tierra.
Varías noches las pesadillas fueron sus compañeras inseparables. Se veía a sí misma sacando a Laurita de ese terrible lugar, cuando finalmente pudo quitar toda la tierra que la cubría, enfrentó un monstruo gigante llamado leucemia, que tendía sus garras queriendo atraparlas, tiraba directamente a la cabeza quedándose con mechones de cabello; lanzaba unos rugidos tan espantosos y escalofriantes que Dulce decidió poner unos algodones en los oídos de Laurita y los propios para no escucharlo, cubrió con una venda los ojos de ambas y con el coraje y valentía que sólo el amor puede brindar logró derrotarlo.
La tomó de la mano y empezaron a volar sobre todas las maravillas que tiene la tierra, volaron sobre el mar, incluso entraron a éste para observar la gran diversidad de fauna marina, montaron sobre una tortuga y después sobre un delfín recorrieron los océanos; también fueron a distintos jardines, en uno de ellos las flores eran todas blancas, por lo que decidieron viajar hasta donde nace el arcoíris, llenar sus manos de color y empezaron a pintarlas de distintos colores: rosas, azules, amarillas, rojas, tornasol, incluso hicieron una mezcla para inventar nuevas tonalidades. Era increíble sentir la mano de su querida amiga entre la de ella, escuchar su risa y poder vivir esos momentos mágicos a su lado.
También la llevó a ver todos los animales que había conocido a través de los cuentos, libros, televisión y narrativas de sus padres; treparon sobre un elefante, luego una jirafa, un unicornio, una cebra, un tigre, un león y hasta una pantera negra.
Luego Dulce dijo a Laurita: – Es necesario que conozcas el firmamento. Ahí están los planetas, puesto que vas a vivir en el cielo, debemos de buscarte un lugar cómodo y seguro. Entre Tierra y Venus.
–Como Mercurio es demasiado caliente, queda descalificado para que vivas cerca. Venus puede verse magníficamente bien desde la tierra y puede servirnos como luz de referencia; Marte es un planeta rojo que puede asustarte con sus destellos, Júpiter está tan grandote y con tantos anillos girando te puedes entrapar, entonces mejor utilizaré la magia y diré:
–Babalaboom, casa, luz y calor, necesito como un fulgor, para que mi querida Laurita, encuentre hogar y amor.
Creó un planeta nuevo que bautizó con el nombre de su amiga, le puso las letras más gigantes, chispeantes y coloridas para que los padres de la niña pudieran verlo desde la tierra. Contenta veía a su amiga saltar de un lugar a otro, sabía que ella debía regresar donde la esperaban papá, mamá y su hermanita, no quería dejarla sola, así que decidió invitar a todos los angelitos que habían visto volar en su camino, para que hicieran de este planeta su morada.
Cuando despertó, la sombra de tristeza que últimamente le acompañaba, había desaparecido, en su lugar, había paz, claridad y armonía. La niña aprendió que la muerte es una compañera de viaje que se presenta con diferentes investiduras a todos los seres vivos: por enfermedad, como su amiga Laurita; por accidente, como los muchos perros que había visto atropellados; por suicidio y asesinato, lo escuchó y vio en las noticias de la televisión; por guerras y enfrentamientos, eso lo oía en la radio y en las pláticas de los adultos; por descuido, esto último le pasó a la planta que su compañera Sofía no regó y murió por falta de agua. Comprendió que las lágrimas sirven también para expresar dolor, para lavar el alma; pero lo más importante, con el apoyo de sus seres queridos, entendió como cerrar círculos, no estancarse en el dolor y buscar alternativas para salir adelante.
–¿Cuándo visitaremos la casa hogar?, ¿Por qué esos niños no viven con sus padres?, ¿por qué los adultos mayores están en un asilo de ancianos y no están con sus hijos?
Las interrogantes caían como gotas de lluvia, claras, diáfanas, constantes, pedían respuestas que encajaran en su mundo lleno de amor y protección.
–Cuando los niños pierden a sus padres y no hay familia que los reclame, el gobierno forma algunas asociaciones como la casa hogar que sirve para que los pequeños tengan techo, alimentación, educación y protección. Debemos de visitarles, traerles juguetes y compañía. Eso mismo sucede con los adultos mayores, algunos no tienen familia y otros enferman o se deterioran tanto con la edad que sus hijos y nietos no tienen tiempo para brindarles las atenciones necesarias y les traen al asilo para que alguien más lo haga.
–No entiendo, Príncipe se hará viejo y se enfermará, pero yo siempre lo cuidaré en casita. Jamás lo dejaré solito. Tampoco traeremos nunca a mis bisabuelitos. –Papi, ¿por qué se hicieron viejecitos y les salieron arrugas en su cara y sus manos?
-Porque los seres vivos cumplimos un ciclo: nacemos, así como tú hermanita cuando salió del vientre de mamá; crecemos, recuerda como era una bebé y ya puede correr y hablar, nos reproducimos; cuando tenemos hijos y nos vamos haciendo mayores, fíjate en el ejemplo: ustedes son nuestras hijas, nosotros somos hijos de tus abuelitos y ellos son hijos de los bisabuelos, ese es el proceso de envejecimiento; cuando las células de nuestro cuerpo pierden fuerza para reproducirse, el pelo se vuelve cano, salen arrugas, el paso es más cansado, se requiere más manifestaciones de afecto y cariño que nunca y finalmente llegamos al final del camino con la muerte.
–Pero Laurita no cumplió ese ciclo, ella aún era una niña cuando falleció.
–Lamentablemente así es. Como la plantita de Sofía también murió muy pronto.
–Dime papá, ¿Por qué hay niños pidiendo limosna en los cruceros de las calles?, ¿por qué algunos trabajan limpiando vidrios o vendiendo periódicos?, la maestra nos explicó que todos los niños tenemos derecho a que nos cuiden, que debemos ayudar en la casa, pero no trabajar.
-Desafortunadamente hay familias con muchas necesidades, el dinero que ganan los padres es tan poco que no alcanzan a sobrevivir y los niños se ven obligados a apoyar con el gasto. En otros casos, los padres están
enfermos o alguno de ellos falleció, o quizá es una madre soltera que no tiene un esposo que le apoye. Hay tantas injusticias y dolor en el mundo.
Su rostro se ensombreció, arrugó el entrecejo e hizo una mueca mordiéndose los labios como protesta e inconformidad por el orden de las cosas.
–Y ¿por qué esos perros que vimos en la colonia con hambre no tiene dueño?
–Las personas somos responsables del cuidado de los animales, hay también asociaciones que los protegen y esterilizan para que no tengan más cachorros, cuando no hay quien les cuide, van reproduciéndose y sufren malos tratos y falta de alimento.
–¿Podemos llevarlos a casa? –preguntó inocentemente.
–No, porque nosotros no tenemos suficiente espacio, tiempo y dinero para cuidarlos a todos, pero si podemos reportarlos a la asociación canina para que vengan por ellos y los den en adopción. Todas las personas que quieren una mascota, deberían de ir a esos lugares donde hay tanto cachorro que necesita un hogar.
De pronto su sonrisa se iluminó, – ¡ya sé!, tómales fotos y los subes a Facebook para que la gente sepa dónde están y vayan por ellos.
Una de las cosas que más le intrigaban a esta pequeña era el mágico mundo de la palabra escrita, las letras eran compañeras inseparables de gran parte de lo que conocía; había letras en los anuncios publicitarios que estaban por las calles, en la cartelera del cine, en la televisión, hasta en la licuadora que usaba su madre para prepararle los licuados de fruta todas las mañanas, en el celular que además de servir para hacer llamadas permitía enviar textos de voz y escritos, en la computadora para buscar sus series favoritas, para darles voz a esos dibujos que en el jardín trazaba con tanto empeño; ansiaba poder escudriñar los secretos que estaban plasmados en los libros que sus padres le leían cada noche, y aunque ya sabía escribir su nombre, identificaba la m de mamá, la p de papá, ansiaba poder leer a su hermanita y convertirse en escritora.
En sus sueños fantasiosos se veía a sí misma pasando por una puerta enorme que estaba abierta de par en par, en el fondo podían verse tantos símbolos que parecía la danza de las letras, rápidamente identificó aquellas que conocía; montó en cada una de ellas como si fueran el caballito de la feria que estaba en el centro de la ciudad, las ató suavemente a la manija de la puerta, fue formando palabras cortas y otras largas, me, ama, mamá, papá, etc., pero el gran misterio fue que no solamente uso las letras conocidas, sino también aquellas que había visto trazadas, pero no conocía su nombre ni sonido. Y formó tantas y tantas palabras que parecía un cuento de hadas que de pronto se transformaba en misterio, de fantasmas y un sinfín de cuentos donde los protagonistas, trama y escenarios eran inventados, creados y recreados por ella misma. De pronto, todo tenía significado, pero como quería compartir su creación innovadora con su hermanita, primos y compañeritos de clase, decidió utilizar las imágenes que revoloteaban junto a las letras y su historia quedó llena de colorido.
Y este es un cuento que al igual que el aprendizaje no tiene final. Entre más nos cuestionamos más respuestas y nuevas preguntas encontramos, porque las palabras mágicas preguntonas: qué, cómo, cuándo, por qué, quién, dónde, cuánto, tienen algunas respuestas comprensibles y otras que abren más interrogantes.
Dulce aprendió a ser feliz y ayudar a todo el necesitado, a respetar y amar los animales y el medio ambiente y sobre todo a seguir soñando, porque en ese mágico mundo no hay imposibles.
Y colorín colorado, este cuento apenas ha comenzado, porque tus dudas han despertado y un sinfín de preguntas a tu mente ha llegado.

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Hgo del Parral, Chihuahua, México La pasión por escribir se manifestó desde su juventud, consolidando su primer encuentro formal, con su participación en el año 2002 en Historias de Migrantes, en el 2007, responde a    convocatoria emitida por la SEP y su historia de vida docente es seleccionada en la antología“Huellas en el tiempo”. En el 2009 publica el libro autobiográfico “Anhelos, sueños y esperanzas”, en el 2011 “Una Rosa sin Espinas”, 2013 es antologada en “Experiencias directivas exitosas”, 2015 y 2016 antologada en “Monografía de Competencias docentes”, convocadas por ENSECH; colaboradora en el Diseño de guías estatales para trabajar los Consejos Técnicos Escolares, autora de varias ponencias publicadas digitalmente,  como “Oralidad de la Lengua” en Argentina,  asistente y ponente en Congresos Educativos, dictaminadora del Congreso Nacional de Investigación Educativa, cuento “Dulce” publicado en 2018,  “Suspiros rotos” poemario publicado en 2019, cuentito “La navidad y yo” 2019; además,  es editorialista semanal en el periódico “El Sol de Parral”. Jubilada de SEP en el 2017 sigue aportando al sector educativo como: tallerista para padres de familia, docentes, alumnos y público en general. Conferencista en distintos niveles educativos en el estado de Chihuahua. Participante activa en los “Encuentros de escritores parralenses” Cuenta cuentos en preescolar y primaria. Practica el cachibol, en la Delegación de jubilados y pensionados DIV2 Socia activa de la Benémerita y Centenaria “Sociedad Mutualista Miguel Hidalgo”

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